Este hilo fue publicado en BlueSky el 7 de abril de 2026.

Trata sobre la Biblia, en particular sobre el Antiguo Testamento, sobre cómo los libros que lo componen no son sino un batiburrillo apenas conexo por muy editado que esté, lo que esto puede decirnos de cómo surgió la Biblia, de los reinos judíos cuyas leyendas recoge y de la intención última de los que escribieron su forma definitiva.
Canon bíblico
Los cristianos ven la Biblia como un libro. A lo sumo como un libro formado por varios, algo como El Señor de los Anillos, que es una única novela aunque esté escrita en tres libros. Pero la Biblia no es así; es una colección de textos mal conexos y no hay ni siquiera un consenso sobre cuáles la componen.
Aquí tenemos el índice de una Biblia evangélica (una rama del protestantismo) y una católica, con su nihil obstat.


Los protestantes no reconocen los libros de los Macabeos, ni Tobías, ni Judit, ni el de la Sabiduria… Así que si hablamos de canon bíblico, ¿de qué texto estamos hablando?
A modo de ejemplo: los libros de los Macabeos: los sabios judíos que redactaron la forma definitiva de la Biblia hebrea descartaron los textos posteriores a la mitad del s. II AdC por no ser lo bastante antiguos para ser parte de la tradición, lo que dejó fuera a los libros de los Macabeos.
Pero en el s. II AdC el hebreo era sólo hablado por los eruditos. El resto de la comunidad judía hablaba arameo o griego koiné. Por este motivo, en los siglos III y II AdC un grupo de setenta sabios tradujo la Biblia hebrea del hebreo al griego koiné; esta traducción es la Septuaginta.
Así, la Septuaginta, la traducción de los textos sagrados que leían los judíos del s. II AdC y posteriores hasta épocas neotestamentales (entre ellos Jesús) sí comprendía 1 y 2 Macabeos, aunque hubieran sido descartados por los sabios judíos.
Fuentes de los textos bíblicos
Incluso dentro de los libros que todas las Biblias reconocen, hay incoherencias, resultado del hecho de que estos libros son una compilación de textos con varias fuentes, siendo las más obvias la yahvista (J, de Yahvé) y la elohimista (E, de Elohim, «Dios», «Señor»…). Si un texto veterotestamental habla de «Dios» o «el Señor», es elohimista (E); si lo menciona por su nombre, «Yahvé» o «Jehová», es yahvista (J).

La fuente J tiene su origen en el reino de Judá, al sur, mientras que la fuente E tiene su origen en el de Israel, al norte, y está considerada más elaborada que la J. Y es que, aunque el Templo finalmente se edificara en Jerusalén (Judá) haciendo de ésta el centro religioso del judaísmo, hasta la destrucción del reino de Israel por Asiria en el 722 AdC y el exilio de sus dirigentes, el reino de Israel fue más rico que el de Judá y, en consecuencia, su teología más elaborada (enredar con ideas abstractas es un lujo de gente ociosa).

Cuando los sabios hebreos recopilaron, reunieron y editaron los distintos textos que componen la Biblia hebrea, tomaron textos de ambas fuentes (E y J), dando lugar a duplicidades, ocasionalmente incoherentes entre sí. Los ejemplos de estas duplicidades e incoherencias son numerosos.
En Génesis 1:24-25 Dios crea a los animales y, después, en 1:26-27 Dios crea juntos al hombre y la mujer.
24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. 25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.
26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Pero en Génesis 2:7 Jehová Dios crea al hombre a partir de barro, después, en Génesis 2:19-20, crea a partir de barro animales y después, en 2:21-22, a la mujer a partir de la costilla del hombre.
7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
No es sólo que la cronología no coincida, es que en Génesis 1 Dios (no «Jehová») crea con su voluntad y palabra, mientras que, en Génesis 2, Jehová Dios (no «Dios» a secas) crea a partir de algo físico que toma y anima (barro, costilla…). Esto indica que ambos textos (Génesis 1 y 2) tienen fuentes distintas con una idea distinta de su dios.
En 1 Samuel 16:12-13 Samuel conoce a David en la casa del padre de éste, Isaí.
12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque este es. 13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.
Y en 1 Samuel 17:55-58 Samuel vuelve a conocer a David en el campo de batalla, después de que éste venciera a Goliat.
55 Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo ese joven? Y Abner respondió: 56 Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta de quién es hijo ese joven. 57 Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del filisteo en su mano. 58 Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén.
Los ejemplos de duplicidades son numerosos en todo el Antiguo Testamento.

Errores de traducción
Además de los libros que componen la Biblia, sus fuentes o la manera de unirlas, también su traducción da lugar a inconsistencias. Y no hablo sólo de las traducciones actuales (de las que hay una cuantas…).
En el s. II AdC el hebreo había sido sustituido por el arameo como lengua vehicular entre la comunidad judía y el griego koiné era la lingua franca. Por eso, en el s. II AdC el texto que empleaba la comunidad judía no era el hebreo original (que ya pocos hablaban), sino la traducción al griego koiné de la Septuaginta, traducción elaborada en los s. II y III AdC.
Esto da lugar a situaciones como la de Isaías 7:14 donde el profeta anuncia el hijo de una virgen, lo que debería hacer arquear la ceja.
14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.
El tema es que la palabra empleada en la traducción al griego koiné de la septuaginta es «parthenos» («virgen»), pero el original hebreo es «almah» («muchacha») y no «bethula» (esta sí: «virgen»).

Si eres un judío de la Palestina del s. I CdC (el sigo de Cristo) y crees que tu líder religioso es el Mesías, éste deberá cumplir lo dicho en las profecías; y si tu texto religioso de cabecera es la traducción al griego koiné de la Septuaginta y éste dice que su madre debe ser «parthenos» (virgen)…
… pues eso: el cristianismo es el resultado de un error de traducción. La idea de que María, la madre de Jesús, lo concibió siendo virgen por obra y gracia de Espíritu Santo, no es más que el intento de sus seguidores de crear una biografía suya acorde a una profecía mall traducida.
Evolución en la teología judía
Además de las anteriores, hay otras discrepancias y faltas de coherencia interna en el texto del Antiguo Testamento derivadas de cambios en la conceptualización de Dios / Yahvé por la evolución del pensamiento religioso a lo largo del tiempo.
En los libros más antiguos Yahvé no es el único dios, sino el de los hijos de Israel. Por eso, en Éxodo 20:3 y 34:14 Yahvé se dirige a Moises para recordarle que Él es un dios celoso y no debe adorar a otros, sólo a Él, sin que en ningún momento se cuestione que esos otros dioses existan.
3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.
No sólo hay otros dioses, sino que, en su territorio, estos prevalecen sobre Yahvé.
Así, en Jueces 11:23-24 Yahvé y Camos actúan de iguales, dando cada uno a su pueblo.
23 Así que, lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al amorreo delante de su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de él? 24 Lo que te hiciere poseer Quemos tu dios, ¿no lo poseerías tú? Así, todo lo que desposeyó Jehová nuestro Dios delante de nosotros, nosotros lo poseeremos.
Y en 2 Reyes 3:26-27 Mesa de Moab rechaza un ataque israelita en su territorio ofreciendo su propio hijo a Camos, su dios.
26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para atacar al rey de Edom; mas no pudieron. 27 Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron a su tierra.
Incluso entre el pueblo de Israel existía el culto a otras deidades, como la Luna, las estrellas o Asera, consorte de Yahvé. Este culto se practicaba en altares en zonas rurales y es denunciado en 1 Reyes 14:23 (reinado de Jeroboan).
23 Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso.
Y en 2 Reyes 16:4 (reinado de Ajaz, dos siglos después).
4 Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso.
La existencia y culto a otros dioses además de Yahvé evoluciona a la idea de Yahvé como dios único en libros posteriores, como Isaias 44:6.
6 Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.
Estas contradicciones evidencian la evolución del pensamiento religioso judío a lo largo de los seis siglos que llevó elaborar la Biblia.


Hay más evoluciones del pensamiento religioso.
Durante el exilio babilónico (c. s. VI AdC) los judíos, tuvieron contacto con el zoroatrismo y su idea dual del bien y el mal. A partir de esta idea de un bien y un mal opuestos los judíos imaginaron la existencia de un ente malvado (Satán, «Enemigo») pero, mientras en el zoroatrismo ambas fuerzas eran iguales, para los judíos Satán era inferior a Dios.
Así, la idea de que la serpiente que tentó a Eva es Satán es moderna, postexiliar. En Génesis 3:1 (texto preexiliar) la serpiente sólo es «el más astuto de los animales», no una personificación de Satán.
1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Por supuesto, la serpiente del Edén no es la única revisión de los textos originales bajo el prisma postexiliar.
El censo que ordenó David y que ofende a Yahvé es inspirado por el propio Yahvé en 2 Samuel 24.1 (texto preexiliar) y por Satán en 1 Crónicas 21.1 (texto postexiliar).

Historicidad
El texto bíblico abunda en hechos incompatibles con la ciencia y la evidencia empírica:
- universo creado en siete días,
- hace seis milenios,
- con animales, plantas y humanos en su forma actual (sin evolución).
- Diluvios que sepultan la tierra.
- El Sol se detiene en el cielo.
Pero incluso dejando de lado el relato de la creación de Génesis y sus hechos sobrenaturales, y ciñéndonos a los libros más pretendidamente históricos (Éxodo, Josué, Reyes…), la Biblia no se corresponde con lo que muestra la arqueología y tiene problemas para ajustarse a la realidad histórica.
Por ejemplo: no hay rastro histórico alguno del Éxodo más allá de lo narrado en la Biblia.
Según el libro del Éxodo, Moisés fue criado en el palacio del faraón, logró la libertad del pueblo de Israel tras siete plagas, la última de las cuales se llevó por delante a los primogénitos del país, huyeron de Egipto cientos de miles de israelitas, el faraón y su ejército los siguieron y murieron ahogados al cerrarse sobre ellos el Mar Rojo, que previamente había abierto Yahvé para Moisés y los suyos.
Son hechos extraordinarios, pero es aún más extraordinario que no hay otro registro de ellos más allá del de la Biblia.
Para entender lo extraordinario de la falta de registros hay que considerar que los egipcios eran funcionarios natos. Los escribas eran respetados, hay registros de los suministros a los puestos fronterizos y hasta de la entrada en el país de grupos tan reducidos como de una docena de personas.

Y, sin embargo, del enfrentamiento al faraón de un miembro de su propia casa, de las siete plagas, de la muerte de todos los primogénitos del país, de la huída de cientos de miles de personas, de la muerte del faraón y su ejercito, de la apertura del Mar Rojo… sólo hay un sospechoso silencio.
Tras el Éxodo viene la conquista de Canaán y su relato bíblico tampoco encaja con la realidad arqueológica. Es cierto que hay evidencias de la caída (y resurgimiento) de las ciudades descritas en Josué, pero la datación no coincide con la fecha bíblica, que habría sido hacia el s. XIII AdC.
Hay evidencia de luchas en Canaán, de asentamientos, caída de ciudades… claro; lo contrario habría sido raro en un territorio ubicado en pleno creciente fértil, entre Mesopotamia y el valle del Nilo. Pero no hay evidencia de una conquista sistemática por un pueblo en las fechas bíblicas y las fechas de la destrucción de las ciudades mencionadas en la Biblia no coinciden con la supuesta conquista de Canaán (de hecho, algunas de ellas ni siquiera estaban pobladas en el s. XIII).

Es más, el Canaán del s. XIII AdC estaba controlado por Egipto. Hay restos de fuertes, inscripciones con jeroglíficos y objetos egipcios en la zona, y las ciudades cananeas eran tributarias de Egipto, a quien pagaban tributo. Ni siquiera tenían murallas, porque Egipto garantizaba la defensa.
Egipto no hubiera permitido que una muchedumbre de desarrapados (¡huidos del propio Egipto!) hubiera atacado a ciudades vasallas que le pagaban tributos. De hecho, la única mención a Israel en la época es la estela de Merneptah… que narra una derrota de Israel a manos de Egipto.

De lo que sí hay evidencias en la edad de bronce reciente, en las serranías y tierras altas de Israel, es de comunidades de origen cananeo a medio camino del pastoreo y la agricultura cuyos asentamientos, si se distinguen de otros similares, es en que no hay en ellos restos de huesos de cerdo.
Estas comunidades cananeas de las tierras altas habrían medrado y se habrían expandido hacia los valles a raíz de la caída de las ciudades, también cananeas, de las tierras bajas durante la campaña contra Canaán del faraón Sisac en el 926 AdC.
También la idea del reino de David choca con la evidencia arqueológica. Sí hay evidencias (estelas) de la existencia de una casa o tribu de David, pero no hay evidencia de un rey David. Un reino implica una organización de Estado: ejército, impuestos, funcionarios… No hay nada de esto.
En las excavaciones realizadas en Jerusalén no hay en los estratos del s. X AdC evidencias de los edificios monumentales que se asociarían a un reino (palacios, edificios administrativos…) y las tierras de alrededor no podrían sostener una población numerosa, menos aún un ejército.
La arqueología muestra que la Jerusalén del s. X AdC no sería más que una aldea o un poblado menor en medio de un terreno escasamente habitado, poco más que campos de pastoreo con cultivos escasos y poco productivos. Así, la figura de David sería más la de un líder tribal que la de un monarca con un reino establecido.
La ausencia de evidencias se extiende también al esplendor del reinado de Salomón, a quien en 1 Reyes 9:15 se atribuían los restos de las fortificaciones de ciudades como Meggido, Jasor o Guézer.
15 Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer
Las dataciones actuales retrasan su construcción dos siglos y se la atribuyen a Omri (finales del s. IX AdC). Sin embargo, Omri es apenas mencionado en la Biblia y, cuando lo hace, aparece como un rey detestable que «hizo lo que es malo a los ojos de Yavé», según 1 Reyes 16:25-26.
25 Y Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él; 26 pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos.
¿Por qué esta inquina a un rey que, de hecho, edificó los grandes palacios atribuidos a Salomón?
Deuteronomio y la reescritura de la Biblia hebrea
El borrado de Omri es parte de un proceso de reescritura de la historia judía que comienza con el «descubrimiento» del Deuteronomío durante el reinado de Josías (rey de Judá en el s. VII AdC), y de enfrentamiento entre las clases sacerdotales yahvistas y la dinastía de David.
Durante unas obras de reforma en el Templo en el 622 AdC los sacerdotes «encuentran» un el texto, «el Libro de la Ley» (que todos los estudiosos coinciden en que es, básicamente, el Deuteronomio). Este texto dice reflejar la doctrina del mismo Moisés, como los sacerdotes mismos acreditan. Nada sospechoso.
Josías, rey joven e impresionable (fue coronado a los ocho años y el Libro de la Ley apareció en el 18º año de su reinado) acepta la palabra de los sacerdotes (cosa fácil, ya que le es favorable) y, desde entonces, la historia de Judá (e Israel) estará ligada al yahvismo.
Se toman leyendas ya existentes, ecos de hechos deformados el tiempo… y se reescriben dándoles forma conjunta y lineal de epopeya: la epopeya del pueblo de Israel, de su alianza con Yahvé y de su posesión de la tierra de Canaán por derecho de conquista (no histórica, como hemos visto).

Así, se reescriben las historias de Génesis y Éxodo dentro del marco de ideas del Deuteronomio. Se enfatiza la idea de que los descendientes de la tribu de Israel son los elegidos por Dios, y la idea de que el destino de Israel está ligado a la alianza de su pueblo con su dios, Yahvé. Josué, Jueces y Reyes también son también reescritos dentro del ideario deuteronómico.
Aquí la alianza del pueblo con Yahvé se formaliza en la relación de su rey con su dios: Israel es próspero si su monarca es fiel a Yahvé y cae en desgracia cuando no, como narrarán repetidamente los libros.
Por su extensión territorial y su capacidad administrativa (lo que no tuvo David) el de Omri sería el primer reino de Israel digno de tal nombre, pero su carácter multiétnico lo haría detestable a los autores del Deuteronomio, por lo que en su versión de la historia, Omri seria un mal rey. Los míticos reyes David y Salomón serían gratos a Yahvé, por lo que se les atribuirán obras y conquistas que, según la arqueología actual, corresponderían a Omri.
Como curiosidad, en Samaria, capital de Omri, se instalarían exiliados babilónicos, de ahí la mala fama de los samaritanos.
El fin último de la reescritura de los textos bíblicos es:
- a.) Centralizar el culto religioso en el Templo.
- b.) Legitimar a Josías por su alianza con Yahvé (su lealtad a los sacerdotes yahvistas).
- c.) Unir al pueblo de Israel (haciendo a Josías rey de Judá y también de Israel).
Profetas
Desgraciadamente para el reino de Judá y su recién fabricada mitología, la historia le tenía reservado otro destino.
En el 586 AdC Nabucodonosor II conquista Jerusalén y sus dirigentes políticos y religiosos son exiliados a Babilonia (como ya hiciera Asiria con el reino de Israel). Contra todo pronóstico, el pueblo de Israel permanecerá fiel a sus costumbres, ritos y creencias durante el exilio (… más o menos, ya hemos visto que se «contaminaron» de zoroatrismo) y, a su regreso, emprenderá la reconstrucción del Templo.
Sin embargo, quedaba un cabo suelto: si Josías fue un rey tan grato a Yahvé, ¿por qué cayeron él y su reino? Esto requería explicación.

La forma en la que toda religión afronta las discrepancias entre sus promesas y la realidad empírica es decir «Diego» donde dijeron «digo» (como el BOE).

Así, los textos de los profetas fueron reinterpretados, lo que no tuvo mucha dificultad por su naturaleza ya inicialmente críptica.
Los profetas son a menudo gente marginal y gritona que dice cosas molestas para el clero acomodado y los monarcas, por lo que hablan en clave, con palabras ambiguas, referencias oscuras y metáforas que sólo sus iniciados entienden. Así que si hay que reinterpretar sus profecías, no es difícil.

Por eso, cuando la historia (en la persona de Nabucodonosor II) se llevó por delante a Josías y su reino, se reinterpretaron las palabras proféticas de forma que no hablan ya de un reino real e inmediato, sino de una Jerusalén futura en la que reinaría el Ungido (el Mesías).
¿Y quién podría ser este Mesías? ¿Acaso el hijo de una virgen del que hablaba Isaías 7:14?
14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.
¿Quizá el mencionado en 2 Samuel 7:13-14?
13 Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. 14 Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres
¿Quizá fueran ambos el mismo? ¿Quizá alguien que podáis tener en mente?
El Nuevo Testamento narra la vida de Jesús de Nazaret, el Mesías hijo de una virgen, y del nacimiento de su Iglesia. Pero ¿eran conscientes de esto el propio Jesús o sus discípulos? ¿O pudo haber una elaboración intencionada de los textos?
Pero dejaremos el Nuevo Testamento para otro hilo.
[FIN]
