Este hilo fue publicado en BlueSky el 25 de enero de 2025.

El motivo del hilo fue la elección de Trump como 47º Presidente de los EE.UU. Que un serio candidato a peor persona del mundo, un psicópata narcisista, un delincuente condenado, un viejo senil, ignorante, faltón y maleducado, un racista y xenófobo que alentó un golpe de Estado, sea elegido líder de una potencia mundial (por muy en decadencia que esté) me llevó a hilar unas ideas sobre el capitalismo y cómo nos llevará al desastre por el beneficio cortoplacista y egoísta de unos pocos.
Los años que van desde los ‘90 del s. XX a la primera década del s. XXI serán recordados como los años en los que casi lo conseguimos. Había caído la URSS, la Democracia era una posibilidad en Europa del este, acordamos cerrar el agujero de ozono y estábamos a tiempo de parar el cambio climático.


Pero en vez de eso, ¿qué hicimos? Permitimos que las políticas liberales dirigieran los estados, confiamos en sus promesas de que el mercado sin regular solucionaría los problemas del mundo. Fueron los años dorados de Reagan y Thatcher…


Y pasó lo que tenía que pasar: el tardocapitalismo.
Capitalismo es cuando los capitalistas poseen los medios de producción y se reparten en dividendos la plusvalía de la riqueza que han creado los trabajadores.

En el capitalismo compras acciones para obtener parte de los dividendos de los beneficios, buscas socios para adquirir bienes de producción y contratar trabajadores que creen la riqueza que tú venderás con una plusvalía que repartirás con tus socios capitalistas.
Pero lo que vivimos ahora no es eso.
Lo que vivimos ahora es lo que yo llamo «tardocapitalismo» o «postcapitalismo»: un juego de trileros en el que no que se comercia con participaciones de los beneficios reales de empresas reales que producen bienes reales, sino con opciones de compra de participaciones en fondos de capital para adquisición de futuros de… ¡patrañas!
¿Recordáis a los yupis de los ‘80? ¿Esa gente de Wall Street estresada, colgada del teléfono, mirando seis pantallas a la vez, comprando y vendiendo varias veces por minuto?


¿Qué producía esa gente? ¿Qué riqueza real creaba? ¡Ninguna! Pero se convirtieron en modelo de muchos porque eran ricos.
En el tardocapitalismo no importa crear riqueza, las acciones son objeto de especulación, no se compran con la esperanza de participar de los beneficios, sino de que aumenten su precio para venderlas, y no importa desmantelar empresas viables si eso produce mayor beneficio que mantener la producción.
En el tardocapitalismo los más ricos medran, sus fortunas crecen de forma obscena, crean lobbys para presionar a los gobiernos para que desregulen el mercado ¿Y que resulta de ello?
Pues que se van al garete nuestros derechos laborales, nuestro derecho a una vivienda (un objeto de especulación más), nuestra educación y sanidad (si son públicos lo llaman «gasto» y lo privatizan para beneficio de unos empresarios que se lucran del dinero público), se recorta en medidas y controles de seguridad, y hasta el futuro medioambiental del planeta queda en segundo plano frente al beneficio inmediato.

Porque en el tardocapitalismo nadie piensa a largo plazo; sólo importa el beneficio a corto. ¿Esa empresa vale más por piezas? Se desmonta. ¿El medio ambiente? Otro gasto, y el que venga detrás que arree.
Pero, ¿cómo la gente va a permitir que se les deje sin sanidad, sin pensiones, sin educación a sus hijos…? Este es uno de los momentos más brillantes del tardocapitalismo: el control de los medios.

¿Cómo convences a la gente de renunciar a la sanidad? Les machacas en los medios día tras día con que un seguro de 50 € es suficiente. ¿Que luego pasa algo serio y no les renuevan la póliza? Es el mercado, amigo….
¿Cómo convences a la gente de renunciar al derecho a una vivienda? Les machacas en los medios con que ellos también se pueden enriquecer especulando, les metes el miedo de los okupas y votan políticas que benefician a fondos buitre.
¿Cómo convences a la gente de renunciar a los servicios? Los infrafinancias para que se deterioren y luego machacas 24/7 con noticias de lo mal que funciona todo para justificar desviar el dinero público a empresas privadas con la excusa (falsa) de la eficiencia del sector privado.
Y las clínicas privadas a las que te derivan, los colegios concertados, los seguros de salud, ¿son mejores? ¡Claro que no! Lo vemos en la distopía tardocapitalista que es EE.UU.
Pero los medios no hablan de esto, sino de los okupas (y tú pagando religiosamente tu hipoteca), de las largas vacaciones que disfrutan los maestros (no como tú, que apenas tienes cuatro semanas), de lo mal que van los hospitales públicos (¿para esto pagamos impuestos?), de que los inmigrantes se quedan tu trabajo (y encima les dan paguitas antes que a los de aquí)… Y así, controlando el discurso, las noticias, las redes sociales, machacando a la gente 24/7 con noticias de miedo, consigues asustarlos y alimentar el odio.
El obrero de Madrid odiando al de Barcelona y los dos odiando al inmigrante, a los gays, a mujeres… a quien sea que reivindique derechos.
Y, mientras tanto, los ricos y poderosos muriéndose de risa (figuradamente, por desgracia), porque ellos sí tienen claro que la guerra es de clases: ellos, los ricos, contra nosotros los pobres, y las mentiras y el miedo que esparcen sus medios son un arma más en una guerra que estamos perdiendo.
Ricos que compran medios, ricos que compran políticos, políticos comprados que compran medios con publicidad instituciones, jueces amigos con prácticas obscenas blanqueadas por medios comprados…
Esto es lo que viene gestando la derecha desde hace ya más de una década. ¿Recordáis la «postverdad»? Era esto: el hecho de que no importan los datos sino el discurso: quien controla el discurso controla el presente, y quien controla el presente controla el futuro.

Porque en el tardocapitalismo nada importa más que el beneficio a corto plazo. A largo plazo, ¿será más caro enfrentar las consecuencias del cambio climático que prevenirlo? Sí, sin duda; pero no prevenirlo me enriquece y las consecuencias las pagan.

¿Es menos productiva una sociedad poco formada, con trabajadores enfermos? Sí, pero recortar en educación y sanidad públicas permite bajar impuestos a los más ricos para que se enriquezcan más ahora. ¿Y el envejecimiento de la población porque los jóvenes no pueden emanciparse porque la vivienda les es inaccesible? A los más ricos, que se lucran especulando con ella no les importa; quien venga detrás arree.
Y, mientras, la productividad aumenta pero nuestros sueldos permanecen estancados. Los ricos se quedan con una porción cada vez mayor de la riqueza que creamos los trabajadores y, podridos de dinero, desarrollan sus propios programas espaciales porque no encuentran nada mejor en lo que gastarlo. Curiosamente, favorecer que los ricos se enriquezcan no nos enriquece a todos.


Y esto no sale de la nada, hay un duro trabajo detrás pagado por políticos, medios y grandes fortunas para hundirnos a todos mientras ellos se enriquecen. Están alimentando el fascismo, auténtico fascismo indisimulado para que nos peleamos entre nosotros mientras ellos medran.



Y aquí surge mi primera duda del hilo: el fascismo que alimentan para que lo compremos y nos odiemos más entre nosotros de lo que deberíamos odiarlos a ellos. ¿lo comparten ellos también?
Pues quizá sí, y quizá no. Quizá algunos pero no todos. Quizá la maldad pura que hay detrás de sus políticas para algunos de ellos sea el fin y para otros el medio. Pero creo que casi ya ni importa.
Y, ante esto, ¿qué hacer?
Pues la verdad, dado que controlan los medios, los partidos y los jueces, dado que han podrido la Democracia, opino que deberíamos empezar a valorar si la violencia es ya una opción legítima, si deberíamos hacerles participar de nuestro miedo, compartirlo con ellos.
¿Estoy planteando considerar la violencia? Pues sí.
En un Estado de Derecho los ciudadanos cedemos al Estado el monopolio de la violencia para que haga cumplir la ley, pero si el Estado no cumple su parte, el acuerdo está roto. ¿No deberíamos recuperar un derecho cedido?
¿Nos va a ir peor?
Nos están dejando sin los servicios más básicos, sin los derechos más fundamentales, están acaparando la riqueza que producimos, nos están robando el futuro, comprometiendo el planeta mismo y han destrozado las instituciones que nos podrían haber servido para revertirlo legalmente.
Cuando los ilustrados franceses tuvieron la idea de Democracia que hoy (todavía) disfrutamos, o cuando los trabajadores lucharon por derechos que (todavía) conservamos, tuvieron que hacer algo más que exponer razonadamente su punto de vista, porque nadie cede sus privilegios voluntariamente.


Al inicio he mencionado la caída de la URSS y el muro de Berlín como algo positivo que abrió la posibilidad (quizá no bien aprovechada) de llevar la Democracia a los países de Europa del este. Pero la caída de la URSS tuvo también su punto negativo.
La revolución soviética significó que los países capitalistas tuvieron que abrir la mano a los derechos laborales; la existencia de la URSS era un recordatorio de que eso podía pasar. Pero tras su caída, el tardocapitalismo no ha tenido un contrapeso y se ha creído con derecho a todo.

Si el tardocapitalismo, las fortunas que lo controlan y los políticos fascistas que lo dirigen están dispuestos a usarnos de combustible camino al destrozo del planeta, quizá haya que decirles de forma clara que no queremos acompañarles en ese viaje.
Y si con su fascismo de mierda han podrido la Democracia por la que podíamos hacer valer nuestra opinión e intereses, quizá sea momento de recordar a un gran hombre que, con gran sabiduría, decía que «se obtiene más con una pistola y palabras amables que sólo con palabras amables».

[FIN]
